"Verracos” Célebres

23.09.2014 09:22

(Por Rodobaldo Rodríguez)

 Cabaiguán es “el pueblo de los verracos”. A todos los que allí nacimos, cuando llegada la ocasión hay que decir el lugar de nacimiento, inmediatamente detrás viene el sello que nos identifica en toda Cuba, desde la hasta el Cabo de San Antonio en una expresión que surge espontáneamente: -“!Ahhh, así que tú eres de Cabaiguán, del pueblo de los verracos!”.

Claro que de tanto oírla ya no nos causa molestia o disgusto alguno sino todo lo contrario: se nos está ratificando el sello de origen, asociado a un animalito que no es tan tonto como algunos piensan.

Si analizamos con calma el asunto, nos daremos cuenta de que el verraco es realmente un animal dichoso, porque no tiene la desgracia de que le corten los testículos acabado de nacer para convertirlo en un cerdo que después crece, engorda y finaliza su existencia   en un caldero o atado en una parrilla y expuesto a fuego lento durante horas.

El verraco no. El verraco tiene la suerte y el privilegio de que le dejan intacto el aparato de la reproducción, que se convierte en su instrumento de labranza. Entonces su vida completa tiene un solo objetivo: preñar todas las puercas que le lleven hasta su corral. Y lo más lindo es que su oficio no le permite engordar. De manera que mantiene siempre la línea. Tampoco tiene que preocuparse por la edad: los verracos se mueren de viejos. No por la buena voluntad, respeto o cariño de sus dueños sino porque su carne y grasa hieden de forma tan desagradable que no hay quien se las coma.

Cabaiguán ha tenido muchos “verracos” célebres. Uno de ellos lo fue, sin dudas”, Antonio “Ñico” Negrón, un endeble personaje que no iba más allá de los cinco pies cinco pulgadas y 120 libras de peso y amigo de las barras y el trago desde que lo conocí. No sé si aún vive porque hace más de cinco años que no lo veo en ocasión de los viajes a mi terruño, al reencuentro con mi familia, amigos y los recuerdos  de la adolescencia y juventud. Pero debe estar vivo aún. De lo contrario, mis amigos me lo hubiesen informado.

Pero, voy al meollo del relato: por qué Ñico se hizo célebre?. Debo comenzar por decir que este personaje tenía dos gustos insustituibles en su vida: los tragos y el béisbol y nada menos que en la posición de lanzador, algo realmente increíble para el “somatotipo” que él tenía y que tanto se exige hoy para ingresar en las academias de ese deporte en nuestro país. Ñico tenía, según cuentan, un arma más poderosa y letal: un control que le permitía poner la bola donde se la pidiese el receptor.

Cuentan que en el primer lustro de la década del cincuenta del pasado siglo vino a jugar a Cabaiguán un poderoso equipo  de uno de los gigantes centrales azucareros de Camaguey. De su cuarto bate se decía que era un slugger con una fuerza temible, similar a la de Capiró, Cheíto, Muñoz, etc, etc.

Ñico Negrón fue el lanzador designado por el mentor del equipo de Cabaiguán para lanzar los bultos postales.

Así las cosas, Ñico comenzó a tejer una cadena de ceros con la particularidad de que cada vez que daba un cero iba directamente al bolsillo de su pantalón de donde extraía un pomo de “linimento” muy raro y sugestivo pues no se lo frotaba en el brazo de lanzar sino que se tomaba un trago.

-“Para mantener el brazo en calor”- le decía a su mánager y éste le respondía:-“el brazo o el hígado”?

Y así las cosas, llegó el inicio del noveno episodio, última  oportunidad para los visitantes pues “Nico” había defendido de forma impecable la mínima ventaja de1 X 0 que le habían dado sus compañeros desde  el quinto episodio.

Pero a la altura del noveno Nico se había dado tanto calor en el brazo que sus rivales le habían llenado las bases después de dos out y le tocaba el turno nada más y nada menos que al temible cuarto bate rival. Fue entonces que su mentor acudió a la lomita de lanzar.

-“Qué te pasa Ñico, tú no sabes que este hombre es capaz de meter la bola allá en los tanques de la Refinería y se jeringa el juego?

- Dame un chance Villo…voy a apelar a mi arma secreta…tú verás que ese muñecón no me va batear- respondió Ñico mostrando una serenidad de espanto.

- Oye Ñico, que hay un puerco asado y diez cajas de cerveza en juego!!

-Qué tú dices…diez cajas de  cerveza?...ahh. no chico, vete tranquilo pa’l dogout...este no me batea ni soñando!!!

El momento no pudo ser más tenso cuando el bateador se puso en tres y dos. Ñico frotó la bola y antes de hacer contacto con la tabla le enseñó la pelota al bateador y le dijo: - mírala bien ahora, porque no la vas a ver más nunca-. Entonces entró en la caja de lanzar, agarró la  pelota con todos los dedos de la mano e hizo un lanzamiento que duró exactamente …!diez minutos! para llegar a la mascota del receptor!!!. Cuentan los presentes que la bola se  mantuvo en el aire con un movimiento de rotación sobre su eje pero apenas se trasladaba. Cuentan también que el temible bateador hizo quince swines al aire, que el árbitro de home hasta se sacó la careta porque no veía ni sabía dónde estaba la pelota. Cuando el bateador, ya fuera de control, perdió los estribos, partió el bate contra la goma del home play y se retiró…fue entonces que se sintió el ¡paf! de la pelota en la mascota del receptor y al umpire decir: - STRAIG!!!!...Y PONCHAO 15 VECES…SE ACABÓ EL JUEGO!!

Cuentan que cuando los jugadores llegaron al dogout le preguntaron a Ñico qué le había lanzado a aquel hombre. Ñico, impasible, antes de responder,  agarró el pomo de “linimento” se tomó el último trago que le quedaba en el frasco y les dijo: - “ni yo mismo lo sé…pero si lo supiera tampoco se los diría porque perdería el encanto que le dieron todos los santos de Roma y África...
dónde están el puerco asao y las cervezas?

                   La Habana, mayo de  2013.

 

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