Contratación de atletas: solución o acentuación del conflicto

02.09.2014 12:26

(Por Alex Ramírez)

ste artículo marca el debut de un nuevo amigo en mi blog, Alexander Ramírez. Adelante con tus trabajos desde ahora.

Puesto que el tema no está para florituras, iremos directo al grano. Ya han pasado algunos meses desde que entraron en vigor las nuevas políticas de contratación de atletas cubanos en el extranjero y salvo aislados casos de algunos de nuestros más “probados” (fieles) peloteros y alguna que otra inclusión de nuestros mejores ajedrecistas en clubes foráneos, el archiconocido “cuartico”, prácticamente, está igualito.

Asimismo, escuchamos recientemente en una de las transmisiones televisivas de la Liga Mundial de Voleibol sobre la inclusión de algunos atletas de este deporte (asumo que igualmente serán los “probados”) en ligas asiáticas. Pues bien, como de fútbol trata este artículo, y tan dilatada ha sido la espera para ver, o siquiera escuchar hablar, de la posibilidad de que algunos de nuestros modestos astros balompédicos puedan vestir las modestas chamarretas de los modestos clubes en que seguramente militarán, y dado a que periodista no soy, me atreveré a cometer el pecado periodístico de la especulación.

Recientemente, escuché de un amigo muy cercano al fútbol cubano (tan cercano como puede ser un jugador del Campeonato Nacional) que ya se manejan algunos nombres futboleros para ser insertados en esta nueva política de contratación. Aunque se atrevió a compartirlos conmigo, no será necesario mencionarlos en este artículo, bastará con decir que son “los probados” y todos sabrán de quienes estamos hablando: jugadores que en su mayoría han rebasado los 30, con un largo recorrido por nuestras selecciones nacionales, que año tras año, “a pesar de”, toman el avión de vuelta a casa.

Quisiera dejar claro, antes de continuar, que nada tengo en contra de que aquellos atletas que por su historia, fidelidad y calidad se han ganado el derecho de patear sus últimos balones en arenas foráneas, se inserten en este nuevo momento histórico para el deporte patrio. Sin embargo, quisiera llamar a una reflexión a aquellos que, como yo, han puesto su fe en esta causa casi perdida que parece ser el fútbol cubano.

¿Por qué (ya que por fin tenemos esta anhelada posibilidad) no la utilizamos inteligentemente en desarrollar atletas jóvenes, en una etapa más sensible al crecimiento futbolístico y con una mayor vida útil para nuestra selección nacional? Preguntémonos si son realmente los clubes interesados los que están decidiendo cuál deportista se inserta y cuál no en estas nuevas políticas de contratación de atletas. ¿Qué sucedería si mañana un club foráneo plantea a las instituciones pertinentes su intención de contratar a talentosísimos jóvenes como Maykel Reyes, Daniel Luis o Arichel?

Intentemos, ya que en el arte de pensar por otros el cubano se ha doctorado, ponernos en la piel de algunos de nuestros jóvenes futbolistas (y deportistas en general) e intentar intuir lo que pensaría alguien en su situación. ¿Cuántos partidos bajo el sol abrazador de nuestros caribeños mediodías tendré que jugar, cuántos campeonatos de solo 18 partidos con uniforme y calzado deficiente y/o autogestionado, cuántos años tendrán que verme saltar al terreno a dar el máximo disponiendo de lo mínimo y “a pesar de” tomar siempre el avión de vuelta a casa antes de que alguien decida que estoy “probado” y puedo contratarme con un club extranjero y comenzar a desarrollarme como atleta, quizá ya cuando el cuerpo lo que me pida sea descansar?

No es un secreto para nadie que la implementación de las nuevas normativas de atención al atleta, incluyendo las políticas de contratación en el extranjero, emergió como inevitable alternativa para atenuar el abismal éxodo de atletas que afecta al sistema deportivo cubano; tampoco es ya un secreto que una de las causas de dicha masividad en la migración deportiva cubana la constituía, sin duda alguna, las diferenciaciones existentes (aunque ahora más equitativamente justificadas) en la atención a determinados deportistas en relación con otros.

Entonces, llegó el momento de preguntarnos: ¿Acaso no acentúan las diferencias existentes en la atención al deportista el hecho de que solo algunos (“los probados”) puedan contratarse en el extranjero, teniendo en cuenta el cambio cualitativo que desde el punto de vista económico esto supone para el atleta como ser social? ¿Habremos encontrado finalmente en estas medidas “el tapón al salidero” de la migración deportiva? ¿O acaso la cubanísimamente recurrente pregunta de “por qué ellos sí y yo no” continuará alimentando las sienes de aquellos atletas que, en algún momento, se encuentren en la encrucijada de tomar o no el avión de vuelta a casa? Como diría un afamado periodista de la televisión cubana: aquí están los hechos, “saque usted sus propias conclusiones.”

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